Más que leer palabras: el caso del operador de Trump

¿Por qué la confianza es esencial en un servicio de teleprompter?

9/1/20263 min read

El trabajo de un operador de teleprompter suele pasar inadvertido. Cuando todo funciona correctamente, así debe ser. El público ve al orador, escucha su mensaje y rara vez piensa en la persona que, a pocos metros de distancia, controla las palabras que aparecen frente a él.

Sin embargo, un caso reciente en la Casa Blanca ha puesto bajo los reflectores una parte mucho menos conocida de esta profesión: la enorme confianza que puede depositarse en un operador de teleprompter.

El 28 de agosto, la Commodity Futures Trading Commission anunció que Gabriel Pérez, quien trabajó como operador de teleprompter del presidente Donald Trump, deberá devolver más de $107,000 obtenidos mediante operaciones en mercados de predicción y pagar una multa adicional de $65,000.

El caso se había dado a conocer públicamente en julio. Pérez operaba el teleprompter de Trump desde 2016 y posteriormente ocupó una posición técnica dentro de la Casa Blanca.

Según las autoridades, entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 participó en los llamados presidential mention markets, en los que se apuesta si el presidente utilizará determinadas palabras, frases o temas durante un discurso.

La ventaja era evidente: por su trabajo, Perez tenía acceso a discursos antes de que fueran pronunciados públicamente.

La CFTC concluyó que utilizó información no pública obtenida mediante su empleo federal para realizar operaciones que le generaron más de $107,500 en ganancias.

Una posición de confianza

Para quienes llevamos años trabajando con teleprompter, el caso toca un asunto que trasciende por completo la tecnología.

“Un operador de teleprompter no solamente controla la velocidad de un texto. En muchas ocasiones se convierte temporalmente en custodio de información que todavía no es pública”, explica Luis José Juarbe, fundador y presidente de Prompter Experts.

Dependiendo de la naturaleza del evento, el operador puede recibir discursos con anticipación, trabajar sobre versiones que continúan cambiando y realizar modificaciones apenas minutos antes de que el orador comience su presentación.

“Durante más de dos décadas trabajando en esta industria he tenido acceso anticipado a discursos, presentaciones y mensajes de figuras públicas y ejecutivos, incluso anuncios de fusiones y compras de empresas. Nunca he visto esa información como algo mío. Nos la entregan exclusivamente porque la necesitamos para hacer nuestro trabajo”, señala Juarbe.

Esa distinción resulta fundamental.

La confidencialidad también forma parte del equipo

Un sistema presidencial de teleprompter puede incluir monitores, computadoras, cristales reflectivos, controles y una considerable cantidad de equipo técnico. Pero hay otro componente que no viene dentro de ningún estuche: la discreción del operador.

Prompter Experts es una empresa especializada en servicios profesionales de teleprompter con operaciones en Puerto Rico y México. A lo largo de los años ha trabajado con figuras públicas, empresas, instituciones y organizaciones que, por la naturaleza de sus eventos, requieren distintos niveles de confidencialidad.

No todos los discursos contienen secretos y no todos los eventos requieren acuerdos formales de confidencialidad. Pero el principio debe ser el mismo.

“Independientemente de si se firma un acuerdo de confidencialidad, el cliente no debería tener que preguntarse qué hará el operador con la información que acaba de recibir. La confianza tiene que venir incluida con el servicio”, sostiene Juarbe.

El caso de la Casa Blanca representa una conducta individual y extraordinaria, y sería injusto convertirla en un juicio sobre toda una profesión. Pero precisamente por ser tan inusual sirve para ilustrar hasta qué punto puede ser sensible esta posición.

El mejor operador de teleprompter no es necesariamente aquel que consigue que el público note su trabajo.

Con frecuencia ocurre exactamente lo contrario.

Hace su trabajo, protege el mensaje y desaparece detrás de las palabras.